Mirando fijo al reflejo de sus ojos en los mios, la parte de adentro de mi alma, me dijo sin siquiera dudarlo por un segundo: "no te aflijas y camina por la Tierra que asi lo llevas clavado en la medula de tu nombre, no te aflijas y anda vagando lejos de tu patria extranjero de alma, que asi te ha bautizado el mundo, anda de una vez, anda y cuenta lo que ves, anda a encontrarte con tu destino, anda, simplmente anda, Peregrino". Hern(anDa)nielPellegrini
lunes, 27 de febrero de 2012
Monologo de dos ignorantes
Monologo de dos ignorantes
"Lo digo, buscando, porque sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa..."
Jose Mujica
Venga amigo, quiero enseñarle un juego. Un juego en el que como cuando usted era chico y su primo lo buscaba adentro de placares o detrás de paredes, lo más divertido será buscar. Venga, amigo, que el juego de la búsqueda es divertido. Busquemos juntos, amigo. Busquemos a través del discurso y de la discusión; de la defensa de lo que se cree correcto, busquemos juntos a través del argumento a favor de los valores sobre los cuales se debe construir, amigo. Cuénteme que es lo que piensa, que es lo que cree, no tenga miedo, amigo; discutamos, o mejor si usted así lo quiere; dialoguemos, que para eso somos dos, dos logos.
Venga amigo, juguemos. Abandonemos el estado actual de las cosas donde todo se ha polarizado tanto que, al esgrimir la defensa del propio pensamiento, se convierte uno en un terrorista extremo; en un enemigo acérrimo. Venga amigo, olvidémonos que (tal como está hoy el mundo y visto desde ese otro costado -el de los suyos o los míos) cuando se calla para escuchar, se convierte aquel uno mismo terroristaenemigoacerrimo , en un paria, un débil, alguien que no sabe de ideales, un simple e inútil cagón.
Venga amigo, discutamos con todo la fuerza de nuestro intelecto. Saquemos lo mejor de nuestros argumentos, forcémoslos hasta el límite de la imaginación para juntos construir un argumento más fuerte.
Venga amigo, juegue conmigo; que cuando destruyo su punto de vista lo hago intentando crear un punto de vista más amplio; tan amplio que en vez de pulverizar su edificio de naipes, ponga un piso encima del que usted acaba de imaginar. Venga amigo, destruya usted también el mío; logre convencerme dando una explicación que le ponga un techo a lo que hasta ese entonces mi limitada inteligencia podía, en la soledad de su ignorancia, construir. Sigamos jugando amigo, que el juego se va poniendo cada vez más divertido.
Venga amigo, juegue conmigo; escuche a mi ignorancia hablar, yo escuchare a la suya. Así, juntas (quizás hasta de la mano) nuestras ignorancias podrán encontrar una verdad a medias que a la postre no sea más que una ignorancia mas grande. Venga amigo, que veo una gigante fusionada ignoranciamediaverdad salir flotando por el aire. Que emocionante será amigo mío, cuando, junto con la media verdad de estos otros dos que juegan aquí al lado, nuestra media verdad vaya encontrando más y mas pequeñas medias verdades, mas grandes ignorancias. Se imagina, amigo una inmensa media verdad efímera en la cual usted y yo, sentados en esta misma mesa, veamos un pedacito de nuestra ignorancia?
Venga amigo, juegue tranquilo que así sentaremos jugando un interesante punto de partida para el que nos siga. Su juego partirá de una ignorancia más enorme, de una media verdad más pequeña. Venga amigo, juegue conmigo, que si no se nos consume el tiempo sentados frente a la pantalla. Volvamos a incentivar la mente, amigo, no nos quedemos sentados frente a nosotros mismos por miedo a no alcanzar nada.
Como la utopía de Galeano, la verdad absoluta se nos escapara siempre por un paso, amigo; estará siempre 100 metros delante de nuestras narices como el faro de una tierra inalcanzable, como la boca de la mujer que no nos ama. Mas, que mas da amigo? Este juego de buscarla es tan pero tan divertido.
Venga amigo, juegue conmigo el juego del conocimiento que no es (como nos han hecho creer desde chiquititos) el juego de las verdades. Venga amigo, aprendamos juntos que no tendremos jamás la verdad ni usted ni yo. Mas por eso mismo, sigamos disfrutando de escuchar al otro esgrimir su ignorancia. Demos más y más lugar a que la ignorancia del otro nos saque el miedo a esgrimir la propia. Creo que nunca me he divertido como en este momento, amigo.
Venga amigo, juéguese la primera frase. Hágame usted saber, jugando y jugando, discutiendo y dialogando, esgrimiendo y escuchando, que el juego del conocimiento no es el juego de las verdades sino el juego de las ignorancias; un juego donde uno más uno en vez de dos, es un uno más grande o, en realidad, mirándolo correctamente, tan solo un medio.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Nacer
Nacer
"Mil senderos existen que aún no han sido recorridos"
FW Nietzsche
Toque la pelota de primera antes de que llegase a mí el esférico; flote por el pasto de izquierda a derecha, el técnico ya había acallado su queja; vi el gol cuando sacábamos de mitad de cancha. Nevó el verano anterior a la gran nevada, las hojas se pusieron amarillas en Enero o en Agosto, un charco se estrello contra una gota que remontaba el cielo recién despejado. Pasee por la Gran Vía y luego me tome el vuelo IB7428, en Ezeiza. La aguja larga dio las cinco; la corta y cuarto. Las olas volvieron al centro del mar sin romper en la orilla, la arena estuvo siempre seca por lo que estuvo húmeda. Se me secaron los labios y luego corrió un gran viento; se asentó la arena fluctuante que había precedido a los labios secos. La mujer de senos redondos y vestido negro término de vestirse sin que pudiera yo verla desnuda; su sonrisa se deshizo (o se hizo adusta) a las ytreintaycinco, mucho antes de que mi yemas se encontrasen con su piel. Abrí los ojos recién cerrados. Al principio pensé que estaba soñando o que había muerto. Me mire las manos y me di cuenta que, en realidad, recién había nacido.
sábado, 4 de febrero de 2012
Siempre estuvo cerca
Siempre estuvo cerca.
Yo me enojo, puteo, me quejo, me vuelvo a enojar, vuelvo a putear y me vuelvo a quejar. Que las calles están rotas, que la presidenta es una impresidenta, que el intendente hace menos de lo que podría, que los robos, que la inseguridad, que las instituciones, que la mar en coche. Despotrico contra mi lugar como un padre que ve que el hijo está haciendo todo lo posible por hacerse mierda el presente, el futuro y porque no también, el pasado. Entonces elijo no leer La Capital y si leer a Fontanarrosa, no escuchar las noticias de Radio 2 sino escuchar a Fito Paez; no mirar las desgracias lejanas que invaden mi ciudad sino leer la pasión con la que escriben los periodistas que cubren a Newells o a Central. A veces también elijo verlo jugar a Messi con la mayor cantidad de personas posibles alrededor. Y cuando el Rayo hace una de las suyas, doy vueltas en círculos buscando cómplices y digo: <<Mirenlo bien, ese, el de la 10 en la espalda, es de mi ciudad>> (y me palmeo un poquito el pecho), e intento explicar en ingles quebrado lo que le leí decir una vez a Soriano <<vieron, no la lleva pegada al botín, la lleva adentro del botín>>.
Elijo, muchas veces, a la distancia, idealizar; enamorarme de las virtudes de la que considero mi casa; aquella en la que aprendí a andar por las calles, aquella donde de pendejo un punga me saco toda la plata del bolsillo y me robo un buzo, la casa en la que, en un callejón que queda en alguna lugar entre Tucumán y Catamarca, bese por primera vez el paladar de una mujer; aquella en la que aprendí que el fútbol es una cuestión de vida o muerte y que la muerte se acaba yéndose cuatro días a Funes o a Iberlucea y apagando el celular.
En esos ratos me invade una nostalgia inexplicable, aun de lo malo. Dejo de creer que acá, de este lado del atlántico, aun mas allá del Mar Muerto y bien cerquita del Indico, se puede estar mejor y me entran unas ganas inexplicables de estar en cuerpo y mente sentado comiendo un triple de miga en el quiosco de la vuelta del club.
Asi, de tanto, en tanto, físicamente, mas allá de todas las veces que vuelvo cerrando los ojos, vuelvo. Y camino por la barranca del rio despacito como para que el paseo no se termine nunca; me meto en una librería chiquita de calle Rioja; me voy al Cairo, huelo el olor a libro de Ross, charlo 40 minutos con el pibe que vende diarios en Sarmiento y Santa Fe y otros 40 con el que vende DVDs en Alternativa. Me meto en el lavadero de autos de un amigo y lo veo putear, pelearse con los empleados, ser mas rosarino de lo que se podría ser en una película. Me voy a la Florida y tomo mate abajo de un sol que podría partir la tierra en cualquier otro lugar del mundo, pero que en Rosario solo nos empuja a acercarnos un poquito más al agua; si hay lancha mejor, sino piragua y de ultima Florida, reposera en mano y a aguantar. A la noche paso por el monumento iluminado celeste y blanco y pienso cuantas cosas lindas tiene esta ciudad que me adopto como hijo suyo hace ya casi un par de décadas; que ganas locas de volver. Son locas las ganas porque pensándolo bien, y el pensamiento se me esfuma cuando la lógica empieza a querer enderezarlo hacia el lado opuesto del corazón. Camino por las veredas y los cordones y no me canso. A las 6 de la mañana salgo de un boliche y pateo tranquilo una horita clavada por Mendoza, por San Luis, por 9 de Julio, por la que me lleve. "Que tengas un buen día, o no". La ocurrencia se respira hasta en el grafiti que me saluda desde las chapas de un edificio en construcción. Cuantos edificios nuevos, che, la puta madre; cada vez que vuelvo la ciudad está un poco más moderna, un poco mas linda. Pero ojo, que no pierde lo suyo, lo que la hace de verdad; no pierde ese inexplicable sabor a pensión italiana que hay en cada cuadra; ni las casas de pasillo; ni las viejas sentadas en la reposera en la puerta; ni los Fiat 128, ni las casonas que los tanos levantaban con sus propias manos por calle Godoy.
Y le doy vueltas a la cosa, (y a la ciudad entera) y no entiendo cómo hacemos para no tener la ciudad más linda del mundo. Camino, como siempre y después de haber hecho un circulo por Pellegrini (me pregunto si esta vuelta redonda que le doy a la ciudad para caer en Pellegrini no es sino una metáfora de mi mismo) y desembocar de nuevo en la barranca, me cuelo por un alambre roto y tras haber cruzado unos pastizales mal cortados, me siento en un muelle viejo, de esos de madera podrida que en cualquier otro lugar del mundo serian demolidos por peligrosos pero que acá son pintorescos, y pertenecen, al rio y a nosotros. Sin miedo de que se vaya a caer a pedazos miro a Rosario desde la ancha vastedad de su papa, el Paraná. Y pienso en mi ciudad como la más chica de un grupo de hermanas increíblemente lindas que empiezan con la Napoleónica Paris, La Victoriana Londres, La cosmopolita Nueva York o la Constantina Estambul. No lloro ni mucho menos; pero me queda esa sensación de grandeza aun no realizada, de potencial infinito que en mi ciudad no se termina plasma.
Y me frustro al darme cuenta que tenemos que ponerla en el mapa por algo más que el triple crimen o la guerra de barra bravas o la creciente ola de inseguridad. Que Rosario tiene que ser lo que está destinada a ser. Que acá vive y vivió gente con inteligencia artística, con pasión descomunal, con ganas de que su ciudad sea grande de verdad. Si de acá son Olmedo y Che Guevara y Messi y Fontanarrosa y tantos otros que sin trascender a la fama le han dado tanto al mundo. Me levanto de la silla y me dan ganas de tomarme un avión, e ir a cambiarlo todo, con las ganas revolucionarias de un utópico pibe de 18 años. Pero estoy tan lejos que no sé ni por dónde empezar. Entonces, me siento en la silla y abro un grupo de Facebook que se llama “Rosario, Nuestro Mundo”. Lo hago con la ilusión (quizás tonta, quizás solo ilusión) de que todos los que no la vivimos físicamente pero si con las ganas de estar ahi, podamos aportar alguna idea de cosas copadas que vemos por el mundo. Cosas que puedan ayudar a hacer que nuestra ciudad sea lo que nos hace sentir que es toda vez que de nuevo la pisamos: "el lugar que además de ser nuestra casa se nos aparece como la ciudad más cautivantemente linda, del mundo".
Yo me enojo, puteo, me quejo, me vuelvo a enojar, vuelvo a putear y me vuelvo a quejar. Que las calles están rotas, que la presidenta es una impresidenta, que el intendente hace menos de lo que podría, que los robos, que la inseguridad, que las instituciones, que la mar en coche. Despotrico contra mi lugar como un padre que ve que el hijo está haciendo todo lo posible por hacerse mierda el presente, el futuro y porque no también, el pasado. Entonces elijo no leer La Capital y si leer a Fontanarrosa, no escuchar las noticias de Radio 2 sino escuchar a Fito Paez; no mirar las desgracias lejanas que invaden mi ciudad sino leer la pasión con la que escriben los periodistas que cubren a Newells o a Central. A veces también elijo verlo jugar a Messi con la mayor cantidad de personas posibles alrededor. Y cuando el Rayo hace una de las suyas, doy vueltas en círculos buscando cómplices y digo: <<Mirenlo bien, ese, el de la 10 en la espalda, es de mi ciudad>> (y me palmeo un poquito el pecho), e intento explicar en ingles quebrado lo que le leí decir una vez a Soriano <<vieron, no la lleva pegada al botín, la lleva adentro del botín>>.
Elijo, muchas veces, a la distancia, idealizar; enamorarme de las virtudes de la que considero mi casa; aquella en la que aprendí a andar por las calles, aquella donde de pendejo un punga me saco toda la plata del bolsillo y me robo un buzo, la casa en la que, en un callejón que queda en alguna lugar entre Tucumán y Catamarca, bese por primera vez el paladar de una mujer; aquella en la que aprendí que el fútbol es una cuestión de vida o muerte y que la muerte se acaba yéndose cuatro días a Funes o a Iberlucea y apagando el celular.
En esos ratos me invade una nostalgia inexplicable, aun de lo malo. Dejo de creer que acá, de este lado del atlántico, aun mas allá del Mar Muerto y bien cerquita del Indico, se puede estar mejor y me entran unas ganas inexplicables de estar en cuerpo y mente sentado comiendo un triple de miga en el quiosco de la vuelta del club.
Asi, de tanto, en tanto, físicamente, mas allá de todas las veces que vuelvo cerrando los ojos, vuelvo. Y camino por la barranca del rio despacito como para que el paseo no se termine nunca; me meto en una librería chiquita de calle Rioja; me voy al Cairo, huelo el olor a libro de Ross, charlo 40 minutos con el pibe que vende diarios en Sarmiento y Santa Fe y otros 40 con el que vende DVDs en Alternativa. Me meto en el lavadero de autos de un amigo y lo veo putear, pelearse con los empleados, ser mas rosarino de lo que se podría ser en una película. Me voy a la Florida y tomo mate abajo de un sol que podría partir la tierra en cualquier otro lugar del mundo, pero que en Rosario solo nos empuja a acercarnos un poquito más al agua; si hay lancha mejor, sino piragua y de ultima Florida, reposera en mano y a aguantar. A la noche paso por el monumento iluminado celeste y blanco y pienso cuantas cosas lindas tiene esta ciudad que me adopto como hijo suyo hace ya casi un par de décadas; que ganas locas de volver. Son locas las ganas porque pensándolo bien, y el pensamiento se me esfuma cuando la lógica empieza a querer enderezarlo hacia el lado opuesto del corazón. Camino por las veredas y los cordones y no me canso. A las 6 de la mañana salgo de un boliche y pateo tranquilo una horita clavada por Mendoza, por San Luis, por 9 de Julio, por la que me lleve. "Que tengas un buen día, o no". La ocurrencia se respira hasta en el grafiti que me saluda desde las chapas de un edificio en construcción. Cuantos edificios nuevos, che, la puta madre; cada vez que vuelvo la ciudad está un poco más moderna, un poco mas linda. Pero ojo, que no pierde lo suyo, lo que la hace de verdad; no pierde ese inexplicable sabor a pensión italiana que hay en cada cuadra; ni las casas de pasillo; ni las viejas sentadas en la reposera en la puerta; ni los Fiat 128, ni las casonas que los tanos levantaban con sus propias manos por calle Godoy.
Y le doy vueltas a la cosa, (y a la ciudad entera) y no entiendo cómo hacemos para no tener la ciudad más linda del mundo. Camino, como siempre y después de haber hecho un circulo por Pellegrini (me pregunto si esta vuelta redonda que le doy a la ciudad para caer en Pellegrini no es sino una metáfora de mi mismo) y desembocar de nuevo en la barranca, me cuelo por un alambre roto y tras haber cruzado unos pastizales mal cortados, me siento en un muelle viejo, de esos de madera podrida que en cualquier otro lugar del mundo serian demolidos por peligrosos pero que acá son pintorescos, y pertenecen, al rio y a nosotros. Sin miedo de que se vaya a caer a pedazos miro a Rosario desde la ancha vastedad de su papa, el Paraná. Y pienso en mi ciudad como la más chica de un grupo de hermanas increíblemente lindas que empiezan con la Napoleónica Paris, La Victoriana Londres, La cosmopolita Nueva York o la Constantina Estambul. No lloro ni mucho menos; pero me queda esa sensación de grandeza aun no realizada, de potencial infinito que en mi ciudad no se termina plasma.
Y me frustro al darme cuenta que tenemos que ponerla en el mapa por algo más que el triple crimen o la guerra de barra bravas o la creciente ola de inseguridad. Que Rosario tiene que ser lo que está destinada a ser. Que acá vive y vivió gente con inteligencia artística, con pasión descomunal, con ganas de que su ciudad sea grande de verdad. Si de acá son Olmedo y Che Guevara y Messi y Fontanarrosa y tantos otros que sin trascender a la fama le han dado tanto al mundo. Me levanto de la silla y me dan ganas de tomarme un avión, e ir a cambiarlo todo, con las ganas revolucionarias de un utópico pibe de 18 años. Pero estoy tan lejos que no sé ni por dónde empezar. Entonces, me siento en la silla y abro un grupo de Facebook que se llama “Rosario, Nuestro Mundo”. Lo hago con la ilusión (quizás tonta, quizás solo ilusión) de que todos los que no la vivimos físicamente pero si con las ganas de estar ahi, podamos aportar alguna idea de cosas copadas que vemos por el mundo. Cosas que puedan ayudar a hacer que nuestra ciudad sea lo que nos hace sentir que es toda vez que de nuevo la pisamos: "el lugar que además de ser nuestra casa se nos aparece como la ciudad más cautivantemente linda, del mundo".
jueves, 5 de enero de 2012
Cientosesentaytres imágenes
Cientosesentraytres imágenes
Tenia 163 tatuajes, o eso me dijo cuando la conocí. Anna paseaba su cuerpo negro pero blanco por el espacio como si fuera todo suyo. Nada podía interponerse en su camino. Salvo que ella quisiera. Había trabajado en aquel lugar 271 días pero ya no lo hacia. Ahora, porque quería, se dedicaba a dibujar, a diseñar, a hacer lo que su verdadera pasión le dictaba. De cuando en cuando volvía para sentirse una parte de lo que ya había abandonado; me dijo. Como cuando volvemos a la casa de nuestros padres y entramos en nuestra vieja habitación para encontrar solo el recuerdo de lo que alguna vez fue, pensé. La mire a los ojos y me olvide de sus tatuajes. En lo profundo del vacío blanco tapado de circulares rayas verdosas/negras/marrones vi tatuada su esencia, vi el miedo a la vida, el amor al todo y a la vez la nada, la repulsión por la superficie, la muerte misma enredándose en la acera de la casa donde de vieja había de perecer. Le pregunte que hacia en aquel lugar y me contesto lo que todos: Estoy. Y espero. Espero a que algo mejor me mueva el bote, me dijo. Espera a que el amor de un hombre le arranque el corazón y se lo lleve consigo a otra parte; pensé.
Estaba apoyada contra el vértice de una columna con la displicencia de quien se sabe por encima de la situación. Brazos cruzados, mirada por encima de su horizonte. Conto-me una historia poco creíble de un artista callejero que, cansado de escribir cosas con significado, decidio pintar toda su ciudad de blanco. Cuando hubo acabado con el ultimo ladrillo manchado de impureza diose cuenta que había creado algo tan perfecto como aterrador y decidió llamarlo bajo el nombre de la mujer que amaba. Presa de la desesperacion la mujer (que se consideraba cualquier cosa menos perfecta), en el afan de demostrar la falacia de la ciudad llamada Guadalupe, decidió suicidarse. El hombre, entonces, re-pinto cada muro con un diferente y colorido graffiti. Cada uno con un oscuro significado. El ultimo que se le conoció decía: “Idiota es el que cree que por la fuerza de su pincel, su pluma o su espada puede cambiar el verdadero curso del destino”. Luego desapareció por completo. Lo tenia tatuado en el antebrazo izquierdo y pude leerlo a pesar de los intermitentes flashes de la noche: “Idiot the one who believes…”. Se dio cuenta y dijo mirándome directo al corazón: That was my first tatoo. No pudieron mis manos mas que abrazarla.
Abrazado a Anna, asi como quien no quiere la cosa, me encontró la noche de la desidia. Cuantos ojos hay en esta noche mirando a la nada, me dije, y los cerré. Entonce ocurrió lo increíble. Centímetro a centímetro mis manos comenzaron a recorrer sus hombros y luego su espalda, sus triceps y luego sus antebrazos, sus pechos y luego su cuello. Recordaron cada una de las palabras e imágenes que su piel cubrían. Separando el humo del ambiente de sus poros rellenos reconocí en su hombro a Victor Hugo y vi en su antebrazo la magia irreal del cristo visto desde arriba de Salvador. Debajo de sus clavículas el hombre viejo de Lao Tse me hablo a la yema del índice y me dijo que el secreto era esperar, jamás desesperar, siempre esperar. Uno a uno los hice parte de mi memoria. Betty Boop cantando una canción de amor y Monroe diciendo cuan difícil ella era. Borges hablando del tiempo y un circulo maya desafiandolo todo mas allá del 2012. Los dos tatuajes parecian de la mano. A través del lateral de su torso me encontré con Hesse, con Ihenga y con Focault. ¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?. Le pregunte si realmente creía que su cuerpo era la prisión de su alma. La imagen de Platón tatuada justo debajo de la muñeca y la sonrisita cómplice me lo dijeron todo.
<<Anna, quiero decirte que>> Fue lo ultimo que me acuerdo haber dicho aquella noche. Nada mas nada menos. Por 162 días lo único que recordé después de Platón fue eso. Quería decir algo que por alguna razon se escondio detras de las paredes de mi entumecida memoria.
Esta mañana, cuando atrás habían quedado 162 noches olvidadas sin desperdicio, me levante y mi mano derecha recordó todo. Mire mi palma negra y lo vi con claridad. Había yo recorrido aquella noche cada una de sus frases de Cortazar y de Mann, cada una de las replicas de Banksy y de Quino, cada uno de los retratos de Marley y de Ghandi, de Ravi Shankar y de Teresa cuando pude procesarlo con claridad. Había yo transitado sus ríos de vida/muerte/vida/muerte/amor/odio/amor/odio/risas/llantos/risas/llantos/miedos/seguridades/miedos/seguridades cuando encontré entre la parte posterior de su muslo izquierdo y su gemelo un vacío inconmensurable, un río en medio del desierto. Sorprendido y curioso decidí cruzarlo a pie y sin salvavidas. Salí ileso al otro lado de la barranca y sentí que había-le dado la vuelta al mundo. Allí abajo, en lo mas Austral de su ser caminaron mis dedos sin descanso por horas y horas. Casi exhaustos y desolados estuvieron por retirarse hasta que, escondido detrás del lado de la pantorrilla donde jamás da el sol; encontraron un contorno negro vertical. Siguieron su rastro hasta que la línea negra se bifurco en una perpendicular y otra que continuaba vertical. Siguieron derecho hasta el final y luego volvieron a tomar la perpendicular. Cruzaron el corazón del tatuaje y se encontraron con otra vertical. La siguieron hasta arriba de todo y luego hasta abajo. Cuando tomaron distancia, en el talón de Aquiles de Anna vieron gigante, mis dedos, la H. No pudieron entenderla entonces, mas la recordaron. Y luego de 6 meses y una semana la entendieron ahora. La entendieron mis yemas, la entiendo yo. La entiendo, recien esta maniana tibia en que el sol le ilumina la tinta violeta por debajo del pelo recogido y en que yo, metiendo-me con la mano por debajo de las sabanas hasta tu talón de Aquiles te beso en el hombro la insignificancia de Sabato. Es que entonces, me doy cuenta que el destino había unido a tu punto débil con el comienzo simple y mudo de mi nombre; te habia unido con la H silenciosa que me decía que, de allí hacia el futuro, mis dedos callados y mis ojos cerrados habrían de amarte, mas alla de los flashes de aquella noche de Enero, de una vez y para siempre.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Silencio de Paraná
Silencio de Paraná
El mejor antidoto conntra el esceptisimo es la ilusion
Rosario, Diciembre 2011
Perseguí un sol mas grande, con un pulgar mas chico. Vi en la tranquilidad del Paraná quel tiempo no era mi aliado, mas no era mi único enemigo. Por las calles qu(h)e tanto escrito caminé como nunca antes, y me abracé a ilusiones de vapor. Probé, no probé, fui, vine, vine, fui y comencé a escribir algo a lo quele falta 58 capítulos. Ni uno mas, ni uno menos. Se hizo de noche y abrí los ojos, se hizo de día y los mantuve abiertos. Así anduve nueve tardes y ocho mañanas. Cuando por ultima vez anochecio y supe que(h)abría de volver encandilado, con la cara quemada y la insatisfacción del encuentro frustrado, comprendí quen la búsqueda del antídoto contra el escepticismo, el desencuentro queno mata la ilusión de vapor perdida por calles angostas. era mi amigo mas cercano. Es queme deja, aunque sea por un año mas, con el deseo de querer sentarme otra vez en la barranca de un Paraná callado, a esperar quea mis espaldas susurre las letras de una ilusión cualquiera o una esperanza vaga, queme empujen de nuevo, a comenzar a buscarla.
Rosario, Diciembre 2011
Perseguí un sol mas grande, con un pulgar mas chico. Vi en la tranquilidad del Paraná quel tiempo no era mi aliado, mas no era mi único enemigo. Por las calles qu(h)e tanto escrito caminé como nunca antes, y me abracé a ilusiones de vapor. Probé, no probé, fui, vine, vine, fui y comencé a escribir algo a lo quele falta 58 capítulos. Ni uno mas, ni uno menos. Se hizo de noche y abrí los ojos, se hizo de día y los mantuve abiertos. Así anduve nueve tardes y ocho mañanas. Cuando por ultima vez anochecio y supe que(h)abría de volver encandilado, con la cara quemada y la insatisfacción del encuentro frustrado, comprendí quen la búsqueda del antídoto contra el escepticismo, el desencuentro queno mata la ilusión de vapor perdida por calles angostas. era mi amigo mas cercano. Es queme deja, aunque sea por un año mas, con el deseo de querer sentarme otra vez en la barranca de un Paraná callado, a esperar quea mis espaldas susurre las letras de una ilusión cualquiera o una esperanza vaga, queme empujen de nuevo, a comenzar a buscarla.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
London and I
Londres y yo
"Que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver"
Asomó a las luces y sintió que no quería escribir sino caminar. En realidad significaba, bien lo sabia el, que quería escribir mas necesitaba procesar lo que le estaba ocurriendo, verlo con ojos de afuera; hacia adentro. Oxford Street se iluminaba con las luces de los pinos de brillantes simulados en el cielo, uniendo las veredas, haciendo las veces de puentes intangibles de duendes navideños. Miró hacia arriba y desvió la mirada. Miró hacia abajo y acusó el golpe. A cada baldosa de esa calle gris de asfalto y cal, le faltaba un trozo propio, una porción de si misma, un cuarto superior derecho. Londres sin ella, era como ella sin Londres. Un oxímoron; una nada absoluta; una Mona Lisa sin ojos. Es solo una calle, se dijo a sí mismo en voz alta y una mujer de medias oscuras, pollera oscura, tapado oscuro, ojos brillantemente rubios y pelo transparentemente azul (o quizás al revés) lo miró con la simpatía del que pretende haber entendido el lenguaje pero solo a leidole a uno el cuerpo. Es solo una calle; y continuo río abajo hacia Regent; solo otra calle. La esquina de H&M le trajo recuerdos intermitentes pasados a la velocidad de un sketch de Benny Hill. Ojos verdes, tapado oscuro, comida rápida, ¿que haces vos acá, chabón?, amigo desconocido, estoy, solo estoy, rechazo anticipado, lagrima fingida, lagrima real, regreso, sorpresa, vida, serenidad, amor, futuro planeado, futuro frustrado, anticipo de muerte, anuncio de muerte, aceptación de la muerte, ilusión infundada, obsesión infundada, muerte, luto, muerte, luto, muerte, pretensión de felicidad, locura, velocidad, Benny Hill, vida, mas vida, demasiada vida, sonrisas, ojos chinitos, tranquilidad, Londres, Oxford, Regent, recuerdo intermitente; y un aire frío que le golpeaba por debajo de los agujeritos de la nariz y le entraba hasta la parte reptiliar del cerebro. En Regent se detuvo y camino hacia Carnaby; una tercera calle; otra.sola.calle. Sola como el. Solo por las calles. Decidió seguir el sonido de las gaitas llamándolo a lo lejos. Una marcha de guerra atrayéndolo a su encuentro. Al encuentro con el sonido de gaitas, al encuentro consigo mismo; al encuentro con las gaitas mismas que se encontraban con su sonido propio. Atravesó mareas de chinos, negros, ingleses, latinos, árabes, australianos y fantasmas con un movimiento de hombro derecho metiéndose hacia adentro, de brazo derecho extendido corriendo al mundo de su 'enfrente'. Londres es realmente la cara del mundo, los rasgos todos del universo, pensó; y abandonó la idea inmediatamente para volver al llamado de las gaitas. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para notar que eran dos instrumentos; dos hombres soplando en una bolsa de gamuza, se detuvo. Abrió los dos brazos e inclinó la cabeza hacia el cielo. La musica le tocó las entrañas e impulso la catarsis del olvido transformándola en ojos de vidrio. Vidrio grueso, verde, de botella. Se negó a llorar. No en Londres. No de nuevo. Y cerrando los ojos transformó el momento en una sonrisa amplia. Aun mirando al cielo, aun con los ojos cerrados, la cabeza inclinada y los brazos abiertos, espero la lluvia golpearle la parte inferior de los parpados. Mas el cielo no estaba aun listo. Pasaron minutos que no pudo contar en tiempo. La imagen bennyhillesca se repitió con recuerdos diferentes, todos a la velocidad de una película que quiere ser vista mas no interpretada. Gotas de lluvia en la cara, Tufnell Park, Bar antiguo, cine, Daniel Day Lewis, Habrá sangre ¿habrá sangre? M&Ms, Oxford St ahora mas de noche, hotel barato, sexo triste, sexo con amor, mas sexo triste, frases de Borges dando vuelta por la cabeza, mañana inesperada, sol que no sale, caminata por Soho, vuelta a la realidad, Carnaby street, esperar la lluvia; cielo que no estaba aun listo. Las sirenas policiales irrumpiendo la sinfonía de las gaitas lo trajeron de vuelta. Carnaby Street y su último pub al fondo a la derecha hacían ahora las veces de llamado, un llamado silencioso. Caminó lento como quien no quiere llegar a donde se dirige; de la misma forma que caminamos todos hacia la muerte; el pensamiento le dio gracia y echó a reír. Adentro del bar las paredes de rojo y los borrachos de blanco. Las sillas tapizadas de verde y el resto todo marrón, marrón madera. Se sintió ajeno, a gusto en la ajenidad del bar; en la naturalidad de lo incómodamente solo. Al primer whisky le siguió el segundo y al segundo el tercero; mas al cuarto le siguió el sexto con ese acortamiento natural del tiempo que solo puede producir el exceso de alcohol en la sangre. Creyó haberse detenido al décimo. La cantinera se llamaba Tonda y era de San Francisco. 07503272900. En el anverso de una manchada tarjeta de nicholsonpubsurvey.co.uk el numero se veía mucho menos sensual que detrás de los ojos inquisitivos enmarcados por lentes negros. Sonriente e insatisfecho se fue de nuevo a la calle. Sintió.que.todo.tiempo.pasado.habia.sido.mejor. Mas deseo que nunca más se repitiera. No habría jamás de nuevo una primera impresión de Tonda; ni un decimo vaso de whisky; ni una sirena interrumpiendo la rítmica quintaescencia de dos gaitas enamoradas de una la otra. No habría jamás de nuevo un Londres silencioso de una mañana del Soho, ni habría mas sangre, (¿habría mas sangre?). No habría jamás ese sexo con tristeza, ni ese sexo con amor, ni Tufnell Park, ni rechazo, sorpresa, vida, muerte, muerte, vida. Caminó de nuevo por Carnaby hasta Oxford y recordó que no deseaba aquel día escribir. Entonces, haciendo un bollo con el papel y dejando caer la birome, agachó la cabeza y se resigno a vivir aquel momento; el momento justo, el instante exacto, en que en aquel irrepetible Londres de Diciembre de 2011, comenzaba a llover.
"Que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver"
Asomó a las luces y sintió que no quería escribir sino caminar. En realidad significaba, bien lo sabia el, que quería escribir mas necesitaba procesar lo que le estaba ocurriendo, verlo con ojos de afuera; hacia adentro. Oxford Street se iluminaba con las luces de los pinos de brillantes simulados en el cielo, uniendo las veredas, haciendo las veces de puentes intangibles de duendes navideños. Miró hacia arriba y desvió la mirada. Miró hacia abajo y acusó el golpe. A cada baldosa de esa calle gris de asfalto y cal, le faltaba un trozo propio, una porción de si misma, un cuarto superior derecho. Londres sin ella, era como ella sin Londres. Un oxímoron; una nada absoluta; una Mona Lisa sin ojos. Es solo una calle, se dijo a sí mismo en voz alta y una mujer de medias oscuras, pollera oscura, tapado oscuro, ojos brillantemente rubios y pelo transparentemente azul (o quizás al revés) lo miró con la simpatía del que pretende haber entendido el lenguaje pero solo a leidole a uno el cuerpo. Es solo una calle; y continuo río abajo hacia Regent; solo otra calle. La esquina de H&M le trajo recuerdos intermitentes pasados a la velocidad de un sketch de Benny Hill. Ojos verdes, tapado oscuro, comida rápida, ¿que haces vos acá, chabón?, amigo desconocido, estoy, solo estoy, rechazo anticipado, lagrima fingida, lagrima real, regreso, sorpresa, vida, serenidad, amor, futuro planeado, futuro frustrado, anticipo de muerte, anuncio de muerte, aceptación de la muerte, ilusión infundada, obsesión infundada, muerte, luto, muerte, luto, muerte, pretensión de felicidad, locura, velocidad, Benny Hill, vida, mas vida, demasiada vida, sonrisas, ojos chinitos, tranquilidad, Londres, Oxford, Regent, recuerdo intermitente; y un aire frío que le golpeaba por debajo de los agujeritos de la nariz y le entraba hasta la parte reptiliar del cerebro. En Regent se detuvo y camino hacia Carnaby; una tercera calle; otra.sola.calle. Sola como el. Solo por las calles. Decidió seguir el sonido de las gaitas llamándolo a lo lejos. Una marcha de guerra atrayéndolo a su encuentro. Al encuentro con el sonido de gaitas, al encuentro consigo mismo; al encuentro con las gaitas mismas que se encontraban con su sonido propio. Atravesó mareas de chinos, negros, ingleses, latinos, árabes, australianos y fantasmas con un movimiento de hombro derecho metiéndose hacia adentro, de brazo derecho extendido corriendo al mundo de su 'enfrente'. Londres es realmente la cara del mundo, los rasgos todos del universo, pensó; y abandonó la idea inmediatamente para volver al llamado de las gaitas. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para notar que eran dos instrumentos; dos hombres soplando en una bolsa de gamuza, se detuvo. Abrió los dos brazos e inclinó la cabeza hacia el cielo. La musica le tocó las entrañas e impulso la catarsis del olvido transformándola en ojos de vidrio. Vidrio grueso, verde, de botella. Se negó a llorar. No en Londres. No de nuevo. Y cerrando los ojos transformó el momento en una sonrisa amplia. Aun mirando al cielo, aun con los ojos cerrados, la cabeza inclinada y los brazos abiertos, espero la lluvia golpearle la parte inferior de los parpados. Mas el cielo no estaba aun listo. Pasaron minutos que no pudo contar en tiempo. La imagen bennyhillesca se repitió con recuerdos diferentes, todos a la velocidad de una película que quiere ser vista mas no interpretada. Gotas de lluvia en la cara, Tufnell Park, Bar antiguo, cine, Daniel Day Lewis, Habrá sangre ¿habrá sangre? M&Ms, Oxford St ahora mas de noche, hotel barato, sexo triste, sexo con amor, mas sexo triste, frases de Borges dando vuelta por la cabeza, mañana inesperada, sol que no sale, caminata por Soho, vuelta a la realidad, Carnaby street, esperar la lluvia; cielo que no estaba aun listo. Las sirenas policiales irrumpiendo la sinfonía de las gaitas lo trajeron de vuelta. Carnaby Street y su último pub al fondo a la derecha hacían ahora las veces de llamado, un llamado silencioso. Caminó lento como quien no quiere llegar a donde se dirige; de la misma forma que caminamos todos hacia la muerte; el pensamiento le dio gracia y echó a reír. Adentro del bar las paredes de rojo y los borrachos de blanco. Las sillas tapizadas de verde y el resto todo marrón, marrón madera. Se sintió ajeno, a gusto en la ajenidad del bar; en la naturalidad de lo incómodamente solo. Al primer whisky le siguió el segundo y al segundo el tercero; mas al cuarto le siguió el sexto con ese acortamiento natural del tiempo que solo puede producir el exceso de alcohol en la sangre. Creyó haberse detenido al décimo. La cantinera se llamaba Tonda y era de San Francisco. 07503272900. En el anverso de una manchada tarjeta de nicholsonpubsurvey.co.uk el numero se veía mucho menos sensual que detrás de los ojos inquisitivos enmarcados por lentes negros. Sonriente e insatisfecho se fue de nuevo a la calle. Sintió.que.todo.tiempo.pasado.habia.sido.mejor. Mas deseo que nunca más se repitiera. No habría jamás de nuevo una primera impresión de Tonda; ni un decimo vaso de whisky; ni una sirena interrumpiendo la rítmica quintaescencia de dos gaitas enamoradas de una la otra. No habría jamás de nuevo un Londres silencioso de una mañana del Soho, ni habría mas sangre, (¿habría mas sangre?). No habría jamás ese sexo con tristeza, ni ese sexo con amor, ni Tufnell Park, ni rechazo, sorpresa, vida, muerte, muerte, vida. Caminó de nuevo por Carnaby hasta Oxford y recordó que no deseaba aquel día escribir. Entonces, haciendo un bollo con el papel y dejando caer la birome, agachó la cabeza y se resigno a vivir aquel momento; el momento justo, el instante exacto, en que en aquel irrepetible Londres de Diciembre de 2011, comenzaba a llover.
martes, 15 de noviembre de 2011
Desencuentro
Desencuentro
trampa escondida
daño profundo
juego mal.jugado
frustración repetida
jugada no deseada
queja opulenta
grito envenenado
y protesta con bronca,
camino enfurecido
silenciosa mea culpa
banco de suplentes
soledad aceptada
deseo inexplicable
sol rubio en morocho
piedras en la arena,
entumecimiento del alma.
noche sin sol
noche sin luna
luna sin nubes
nubes sin estrellas
tormenta seca en
futuro encapotado
vos sin yo
y yo sin vos
nosotros sin dos
y dos con uno
y sin ninguno de los dos
cara larga
y pies de plomo
pecho hundido
y corazón abierto
manos cansadas
de tanto hacer nada,
con la nada
mirada taciturna
respiración obesa
oídos tapados
y brazos cruzados
entre si
y no con otros
toma 100,
y camara lenta,
cuadro por cuadro,
por cuadro por cuadro
y cuadro desenfocado
parque de la Antártida,
río del desierto
montaña de la pampa
y mar muerto,
en la frontera equivocada
praderas incendiadas
bosques talados,
glaciares derretidos
ozono que se condensa,
masa cuasiforme.
perro que no huele,
y abeja que no vuela,
hombre que no piensa
y mono que no sonríe
lluvia ácida
golpeandome los cachetes,
gota a gota
a gota, a gota
De las manos se me escapa
lo que jamás he tocado
y en mi último intento
desesperado por manotearlo,
aferrándome a la nada
de un bosque talado
de un bosque talado
grito desde lo mas hondo
de este mar muerto
de brazos cruzados
y de corazón abierto
que siento sentir en el pecho
de hombre que no piensa,
el dano profundo
el entumecimiento del alma
la protesta con bronca
y la noche sin luna
y de corazón abierto
que siento sentir en el pecho
de hombre que no piensa,
el dano profundo
el entumecimiento del alma
la protesta con bronca
y la noche sin luna
de nosotros sin dos
y del cuadro desenfocado
de este triste desencuentro.
y del cuadro desenfocado
de este triste desencuentro.
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